Un año ya

Un año ya

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See you soon Barcelona!

Ayer miércoles, 28 de diciembre, ha hecho un año que llegué a Dublín. Doce meses en los que he aprendido y vivido experiencias como en ninguna otra época de mi vida, tanto en lo laboral como en lo personal.

Hace dos años, en medio de una época de cierto estancamiento profesional, empecé a plantearme lo de ir a trabajar fuera, en una experiencia que me hiciera ver otras realidades, probar una cultura empresarial distinta, y ya puestos, donde hubiera mejores perspectivas de salario. Como muchos miré primero hacia Londres, aunque fue Dublín la que de forma inesperada me abrió la puerta a mis sueños.

Ha sido un año de vencer miedos, de superar retos y de afianzar la confianza en mí, y de constatar que aunque ya no tenga veinte años, no se pierde la capacidad de aprender y seguir creciendo. He tenido el privilegio de entrar en la “primera división” en el sector de IT, en un entorno donde ser en definitiva ser profesional tiene su recompensa, y donde tienes todas las herramientas a tu alcance para prepararte para el siguiente paso en tu carrera.

Guiness, entre las nuevas costumbres

Aunque la parte más intensa de todo ello, más que el cambio de trabajo, ha sido el cambio de país. Costumbres distintas, clima distinto, medios de transporte distintos… Acostumbrarme a mirar a la derecha por si vienen coches fue rápido, pero en otros aspectos empecé a hacer como tantos emigrantes, que es comparar las cosas con las de tu ciudad y país de origen, y hacer una lista mental de lo que echas de menos. En mi caso: familia y amigos, un día entero de sol y sin lluvia, ir de tapeo y el fuet de Vic.

Pero poco a poco he ido pensando menos en ello (bueno, excepto en el clima, inevitable pensar en él cuando te está cayendo encima un chaparrón), hasta que un día te das cuenta que ya sientes esas calles que recorres cada día como tu mundo, y esa casa a la que llegas por la tarde después de trabajar es tu hogar. Y lo que lo hace un hogar no es tanto el labrador negro que te viene a saludar y salta de alegría para que le saques a pasear, que también porque es parte de mi familia, sino por esa maravillosa persona, mi marido, que me ha acompañado en esta aventura y que no ha dejado de apoyarme en todo momento, mostrándome que podía con todos los retos que me propusiera y más.

Tormenta, sol, tormenta…

Sin él hubiera sido un año realmente difícil. Junto a él se ha quedado solo en intenso, enfocado sobretodo en estudiar temas técnicos, sacarme de paso algunas certificaciones que vistieran mi curriculum, e integrarme en la nueva realidad, por lo que he dedicado menos tiempo a mis aficiones, que han quedado un poco en segundo plano. Re-equilibrar ese aspecto lo veo ahora como fundamental para arraigar completamente en esta nueva realidad.

Así que este próximo 2017 va a ser el año de disfrutar más del tiempo libre, dedicando a mis hobbies el tiempo que deben y merecen tener

Voy a escribir más, no solo en mis blogs sino en lo que espero que sea mi primera novela, un reto nada sencillo, aunque contento de tener parte de la historia ya planificada. Volveré a practicar Aikido, para volver a sentir esa conexión mental con mi cuerpo y dejar fluir la energía. Seguiré trabajando en mejorar mis forma de expresarme, y conseguir hacer videos narrados con más acierto y hacerlos más interesantes. Y si me sobra tiempo, volveré a tocar el piano, ahora que después de la reciente mudanza tengo todas las partituras de nuevo.

Otro hobby que practicar más: ¡barbacoas!

Espero también poder viajar más, para ver a mi gente querida y fundirme en largos abrazos, y también descubrir estas dos grandes islas de este rincón de Europa que aguardan a ser exploradas. Y ya puestos a desear, quizás ese soñado viaje a Nueva York con Fabián se haga realidad este próximo año.

No, propósitos, proyectos y sueños para este 2017 no me faltan. Y este sábado por la noche conjuraré la buena suerte tomando las uvas a las 12 y besando a mi marido con unos gayumbos rojos puestos mientras brindamos con copas de cava de Sant Sadurní con los anillos de oro dentro.

… y perderse por la isla Esmeralda

Tengo la certeza que este segundo año en la verde y bella Irlanda va a ser aún mejor que éste que termina.

Espero que tu también tengas una apasionante lista de propósitos y retos para este próximo año. Y si aún no la has hecho, tranquilo, no hace falta tenerla lista para este final de año. Cualquier momento es bueno para proponerse cambios, sean pequeños o sea un giro de 180 grados en tu vida.

¡Feliz año 2017!

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