El pecho (y fin de ciclo)

El pecho (y fin de ciclo)

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IMG_20150811_202807No es ningún secreto: me gusta llevar camisetas de tirantes para lucir los tatuajes que llevo, con todo el orgullo, aunque el tiempo haya cambiado y ya no haga tiempo para eso. Es así como me resfrío a cada cambio de estación, como ahora que escribo esto desde la cama con un catarro de tres pares de narices por haber ido “demasiado descocado”, que diría mi madre.

Y claro, con más razón me gusta ahora ir enseñando tattoo, ya que desde mayo de este año tengo finalizado el pecho, elemento que sigue el estilo de cada uno de los brazos pero que los unifica en una simetría de formas: el rizo de la serpiente que baja por el lado derecho tiene su semejante geométrico en el lado contrario, así como las piezas tribales que convergen hacia el centro del torso como si este fuera un espejo.

Me siento realmente feliz. Como siempre termino contando, cada tatuaje tiene un sentido y un porqué, no hay nada casual. Hablan de la sangre y la familia, de dolor, de mi yo más oscuro y mis demonios, de caos y de orden, de arte y de ciencia. El libro uno de mi vida que va desde mis 22 a mis 36 años: mi maduración.

Y el pecho ha sido el broche final de este primer libro, que termina en una frase en alemán que inicié hace muchos años en la serpiente. Dejé tatuado un ich schütze sin terminar, una intención de proteger y cuidar a alguien… ¿la familia, el marido, los amigos…? No estaba claro, lo dejé ahí, a medias.

Y ahora, con una seguridad que nada tiene que ver con la aquellos años, he comprendido que para poder amar, cuidar y proteger a aquellos que más quieres, primero uno debe cuidarse, quererse y aceptarse a sí mismo. Ich schütze mich.

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