Jardines de la Exposición

Jardines de la Exposición

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La Exposición Universal de 1929 fue el inicio de la gran transformación de Montjuïc. De los 20 parques y jardines que actualmente tiene esta montaña, tres fueron creados a raíz de la exposición. De la mano de Ignacio Somovilla, historiador y experto en paisajismo, y dentro de las Passejades per la Barcelona Verda, descubrimos los jardines de Laribal, los del Grec y Joan Maragall.

Los jardines de Laribal es quizás el más conocido de todos los jardines. Forestier y Rubió Tudurí supieron integrar la vegetación existente con elementos de estilo árabe, formando terrazas para salvar los desniveles. Camino a la font del gat recorremos el pasillo de la pérgola de terracota, cubierta por una inmensa glicinia. La glorieta de cipreses con su fuente central es uno de los símbolos característicos de este parque. Restaurada hace un tiempo, los cipreses ya casi vuelven a cubrir toda la estructura.

Los jardines del Teatre Grec, fueron inicialmente la segunda rosaleda de Barcelona. Esta amplia terraza conecta la entrada con la gran explanada de arriba. A diferencia de en Laribal, aquí no había casi desniveles ni vegetación que integrar. Se trataba de una antigua cantera que se aprovechó para construir un teatro al aire libre, con una explanada como una gran hoja en blanco, donde Forestier usó los cipreses para marcar un camino que nos fuera conduciendo por los diferentes espacios. Como en Laribal, el uso del agua y el estilo de las fuentes mantienen ese aire hispano-árabe que ya usó en su proyecto para Sevilla.

Llegamos a Joan Maragall, también conocido como los jardines del palacete Albéniz, espacio donde predomina la elegancia. Se trata del pabellón real donde el rey Alfonso XIII se alojaba durante la exposición y donde realizaba las recepciones oficiales. Clásico y de estilo francés, abundan las zonas de sombra.

Detrás del palacio, y si cruzamos unos pequeños patios, nos encontraremos un pequeño bosquecillo de bambú, que esconde detrás un jardín de estilo inglés: una pradera llena de árboles que rompe con el estilo recto y clásico del resto del jardín. Un espacio con mucha sombra perfecto para relajarse y tumbarse a leer, lejos del ruido de la ciudad.

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