Horimono

Horimono

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Ayer me acerqué a la galería Tagomago para ver la exposición Yakuza, de Anton Kusters, una ventana al lado más oculto de la sociedad japonesa.  Algunas de las fotos son impactantes, por la historia que encierra detrás. Un trabajo magnífico del que podéis saber un poco más leyendo la entrevista que la revista Steward hizo al artista y fotógrafo. Entre las fotografías había ejemplos de Horimono, esos bellos tatuajes que cubren la mayor parte del cuerpo, exceptuando las zonas visibles.

Tatuaje según la carcel (Nikkô Edomura)
Tatuaje según la carcel (Nikkô Edomura)

Lamentablemente el tatuaje ha sido asociado durante siglos a delincuencia y gente al margen de la sociedad en gran parte de las sociedades y culturas del mundo. En el caso de la sociedad japonesa esta connotación empieza a principios del siglo IV d.C. En ese momento la gente que cometía un delito o crimen, según su gravedad, era marcada para siempre con el símbolo del delito para que toda la sociedad lo supiera. Posteriormente a aquellos que eran encarcelados se les empezó a tatuar con un símbolo que identificaba la cárcel, como se muestra en la foto de Nikkô Edomura.

Aún así es en esa época donde el arte de tatuaje japonés, el Irezumi, prospera.

Con la apertura al mundo de Japón, a mediados del siglo XIX, y hasta 1948, el gobierno japonés los prohíbe para así causar una buena impresión al mundo occidental. A partir de ese momento el tatuaje pasa a ser usado por el mundo del crimen, reforzando el estigma actual que envuelve este arte.

Actualmente el estigma persiste. Políticos como Tōru Hashimoto han reforzado este aspecto con campañas como la del 2012, donde pidió que los funcionarios públicos con algún tatuaje en su cuerpo renunciaran a su puesto ya que, según decía, perdían derechos en el momento que servían a la sociedad.

Quizás poco a poco, y con iniciativas como la de Horikoi, algún día la sociedad japonesa termine por adoptar el tatuaje como opción personal socialmente aceptable.

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