Oslo en verano

Oslo en verano

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Aunque en principio Oslo es una gran ciudad, la mayor parte son barrios residenciales que se llegan incluso a confundir con los bosques. El centro en sí, donde está la práctica totalidad de puntos de interés y comercios, es relativamente pequeño y se puede visitar, a mi parecer, en unos tres días.

Para un primer día de visita lo mejor es ir a la estación central. De ahí parte la calle Karl Johans, arteria comercial de la ciudad que a lo largo de un quilómetro une varios puntos de interés.

El primero que nos encontramos es la catedral, un edificio barroco con una sola torre cuadrada en el centro que ofrece servicio a la comunidad luterana. En un lateral nos encontramos un gran corazón, memorial a las víctimas del doble atentado que sufrió Oslo en julio del 2011.

Siguiendo por la Karl Johans llegamos a la zona del parlamento, en noruego Stortinget, centro neurálgico de la exclusiva zona Oeste, donde además del parlamento se encuentran las oficinas de las grandes empresas, viviendas de lujo y algún que otro club exclusivo. En el punto más alto de la calle y justo a una de las salidas del metro se encuentra uno de los puntos de encuentro más concurridos de la ciudad, presidido por el conocido cartel de Freya.

Catedral de Oslo

Rodeando el teatro nacional y edificios gubernamentales, como el ministerio de asuntos exteriores, llegamos al Palacio Real y sus jardines, construido en el siglo XIX y antigua residencia de los reyes de Noruega. Actualmente no ejerce función de residencia sino de lugar de trabajo, y algunas de sus alas se pueden visitar. En cualquier caso el extenso parque se convierte en un lugar de descanso y ocio, donde tumbarse un rato al sol o hacer un poco de picnic.

Me sorprendió lo popular que resulta hacer picnic en los parques de la ciudad, tanto en este como en el parque Frogner, aunque comprendí que la llegada del verano revoluciona toda la ciudad y la gente tiende a hacer vida fuera de casa, sea en parques, paseos por el bosque y saliendo a tomar una copa.

A orillas del fiordo se encuentra el ayuntamiento. Inaugurado en 1950, es uno de los edificios más emblemáticos de la ciudad. Es conocido principalmente por albergar la celebración de la entrega de Premios Nobel de la Paz, aunque contiene además una gran colección de obras de arte, mayormente pictóricas, que muestran con orgullo la historia de Noruega, su origen rural y ese equilibrio ciudad campo tan identitario del país.

Saliendo del ayuntamiento bordeamos el fiordo en dirección oeste. Esta zona corresponde al antiguo embarcadero del Aker (Aker Brygge), una zona totalmente renovada que se ha convertido en un lugar de ocio bastante concurrido. Además de ser también una zona residencial bienestante muy deseada, encontramos aquí el museo de arte moderno más importante de Noruega, el Astrup Fearnley. En definitiva, una zona perfecta para pasear, ir en bicicleta, patinar, e incluso tomar un baño en la pequeña playa artificial al final de esta pequeña península.

En el otro lado del fiordo se encuentra la fortaleza de Akershus, una ciudadela que se construyó para proporcionar mayor protección a Oslo a raíz de los ataques sufridos por la ciudad durante la edad media.

De hecho el centro de Oslo no se ha encontrado siempre donde ahora. Cerca de la opera se encuentran las ruinas de la ciudad medieval, incendiada en 1624. A raíz de esa destrucción el rey Cristian IV decidió entonces construir la nueva ciudad amurallada en un nuevo emplazamiento cercano a Akershus, para que estuviera mejor protegida, y llamó a esa nueva ciudad Cristianía. No fue hasta 1924 que la ciudad recuperó su nombre original.

Vigeland parkPara un segundo día una buena propuesta es ir al parque Frogner, el parque público más grande de Oslo donde se encuentra el parque de Vigeland, una exposición exterior permanente de más de doscientas esculturas realizadas por Gustav Vigeland.

En un acuerdo con la ciudad de Oslo, el escultor se paso 35 años ideando y ejecutando este proyecto personal que terminó en 1942. Son 32 hectáreas llenas de arte inspirado en acontecimientos de la vida cotidiana, las diferentes fases de la vida desde el nacimiento hasta la muerte, que culminan en el famoso monolito donde 121 figuras humanas se entrelazan.

Por lo que se refiere a ocio, personalmente me gustó mucho más el ambiente más popular de Grünerløkka, un barrio más multicultural y con una vida nocturna interesante y alejada a la del lado Oeste. Porque la ciudad está dividida por el río Akerselva, no sólo urbanísticamente sino también socialemnte, diferenciando un cierto oeste burgués de los barrios más populares del este.

Y no podemos irnos de Oslo sin visitar el edificio de la opera, inaugurado en 2008 y revestido de mármol y cristal. Se inspira en un témpano emergiendo del mar.  Siguiendo esas lineas, Monica Bonvicini realizó una escultura flotante de cristal y acero llamada ‘La Dama Mentirosa’ basada en una pintura de Caspar David Friedrich, que va girando según la marea y el viento, ofreciendo diferentes vistas según el momento del día.

Hay que reconocer la gran labor de promoción de la ópera que se realiza, haciéndola accesible a todos los públicos, con precios mucho más competitivos de lo habitual o a través de recitales gratuitos los domingos a mediodía. Si visitáis la ciudad no dejéis de consultar la agenda de actos por si podéis disfrutar de esta experiencia. Y si subís por la cubierta del edificio disfrutareis de una gran vista, no sólo del nuevo distrito financiero que se está construyendo o de la escultura de cristal, también de la ciudad en sí, una bonita ciudad del norte que vale la pena visitar.

Si queréis más información de Oslo, os propongo consultar esta entrada, que a mi parecer está muy bien detallada.

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