Iglesias, ¿para que servís?

Iglesias, ¿para que servís?

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Estoy profundamente indignado estos días con declaraciones que leo y oigo en los medios referentes a la terrible persecución que se está realizando contra la homosexualidad en Rusia. Y no ya en sí sobre las acciones y hechos por parte del gobierno ruso y los neo-nazis que aprovechan la situación para dar rienda suelta a su violencia y locura, sino por comentarios y reacciones del propio pueblo ruso, atletas o el, quiero creer, acobardado COI.

Por lo general ya se espera que haya gobiernos que para tapar su mediocridad y relanzar su imagen lancen campañas contra una minoría como válvula de escape para una mayoría. Pero cuando esta situación provoca tortura y muerte, si la gente hace oídos sordos o incluso lo justifica, tenemos un problema muy grande.

Paulus kirke, Grünerløkka, OsloPero lo que me ha sorprendido de verdad es que el colectivo judío de Rusia se haya sentido ofendido por las declaraciones de Stephen Fry, comparación entre la campaña antigay en Rusia y la antisemita del Tercer Reich, y que personalmente encuentro muy acertada.

Alguien debería recordarle a Lazar, sobretodo si habla en nombre de todos los judíos rusos y no a título personal, sobre la tolerancia que tiene el judaísmo referente a la homosexualidad. Teniendo en cuenta la fuerte presencia y reconocimiento de los derechos LGBT en Israel, me alegra ver las manifestaciones que han tenido lugar en Tel Aviv y desearía que le hubieran hecho cuestionar lo que ha dicho. Y de paso recordarle que el holocausto no fue únicamente contra los judíos.

Realmente lo que me ofende no es lo dicho por la iglesia judía rusa, sino la postura de las iglesias en general. La iglesia ortodoxa del país va a la par que el resto, incitando al odio en vez de pregonar el amor de Cristo. Y es que llevamos una época ya larga en que las diferentes iglesias actúan como si se sintieran amenazadas. El hecho que cada vez haya más países que acepten el matrimonio homosexual se ha convertido en el símbolo de una especie de perversión de las sociedades, según su obtusa y limitada visión. En vez de verlo como un avance en la aceptación de algo que está ahí desde el inicio de los tiempos, lo contemplan como la decadencia de las sociedades y el fin de la humanidad, vendiéndolo como si se tratara de un complot para homosexualizar la sociedad.

¿Para qué sirven las religiones si en vez de pregonar con el amor y el respeto a los demás terminan convirtiéndose en herramientas del odio? ¿Debo yo respetar las creencias religiosas de alguien que no cree que yo pueda estar enamorado de verdad por el hecho de que esa persona sea de mi mismo sexo, basándose en algo escrito en una época remota por alguien que estaba en una sociedad muy diferente y que lo hizo en nombre de un Dios? ¿Aceptamos sin más que una sociedad vuelque sus frustraciones y rabias sobre un colectivo al que no les importa que torturen y maten?

Espero que algunas comunidades religiosas, del credo que sean, levanten de una vez la voz y muestren su rechazo a lo que está ocurriendo. Y no hablo de pequeñas parroquias como la de Paulus en Oslo, sino de la institución en sí.

Si no es así, si no protegen a todos los hijos de (su) Dios, dejaré de respetarlas como opción personal para nadie.

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