Stadt Wien

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Lo más al este que he estado en Europa ha sido Viena, por dos veces. Una ciudad en la que uno termina por encontrar mucho más de lo que esperaría, encasillada al menos en mi cabeza por esas sobremesas endulzadas con la historia de Sissi.

Pero aún con los prejuicios que haya podido atesorar durante años, visitar la Viena imperial ha sido una gozada. En las dos ocasiones. Por algo el casco antiguo fue declarado Patrimonio de la Humanidad.

Lo que más me gusta es ir a Stephansplatz, rodear la catedral y observar el ambiente, con los carruajes de caballos pasando y los encuentros de amigos que van a la zona de compras, el Graben. Aunque ya era una zona atractiva con tanta oferta de Apfelstrudel, Konrad me llevó al Trzesniewski, que como ellos mismos dicen en su eslogan ‘los ricos panecillos impronunciables’, con una gran variedad de topping que lo asemejaba a ir de pinchos. ¡Una delicia que no hay que perderse!

Otra zona interesante de la ciudad es la que colinda con la Mariahilferstrasse por el sur, el barrio gay de la ciudad. Yo disfruté del elegante kaffeehaus Cafe Savoy acompañando un café de un trozo de pastel de esos llenos de mucha, mucha culpabilidad. Y más tarde terminando la vuelta por la zona con una comida ligera en el Cafe Berg, que conecta con la conocida librería gay de la ciudad, Löwenherz.

Podría estarme rato escribiendo de todos esos rincones que embellecen la ciudad de una forma u otra, desde la zona de graffiti de la Rossauer Lände a la sala barroca de la Biblioteca Nacional Austríaca, sin dejarme el Rathaus, el Museumquartier o el arte de Hundertwasser.

Pero mejor que cojas un fin de semana largo de esos de tres o cuatro días y descubras tu mismo la ciudad. ¡No puedes perdértela!

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