Gusanillo de roleo

Gusanillo de roleo

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El fin de semana pasado se organizaron unas partida de rol en la Formiga Martinenca (Camp de l’Arpa) a la vez que había un torneo de Magic y una exposición de dibujos de Noemí Pérez. La verdad es que a pesar de que no pude dirigir mi partida de Paranoia nos lo pasamos genial, disfrutando por la mañana de una partida de Vampiro mientras Fabián dirigía Ánima, y jugando a Aquelarre todos juntos por la tarde.

No ha llovido ni nada desde que jugábamos de forma habitual, pasando tardes enteras jugando a Vampiro, Cazador, Cthulhu y otros mientras devorábamos bolsas de patatas fritas, nos llenábamos con litros de CocaCola y creábamos una atmósfera de humo “tabaquil” que ni la niebla de las películas de terror.

Tardes de imaginación alrededor de una pantalla que ocultaba tiradas de dados, libros de reglas y fichas que describían personajes, en nuestro caso, dignos de las más rocambolescas películas de Almodóvar, que dejaron huella en el recuerdo: intrépidas investigadoras encorsetadas y con tacones que huyen corriendo de Portsmouth camino a Londres tras ver un nido horrible, vampiros Toreador de lengua ácida al estilo de Arena, chicas que se hacían una liposucción en la clínica Baviera, Torrance y Randy y la mítica frase ‘hay que matar a la niña‘…

Éramos las Neveras a Topos, en homenaje a ese recurso habitual en contra del clásico revientapartidas, al que tiras los dados una vez y, oh, se le abre el cielo justo encima y le cae una nevera que se ha colado por algún agujero de gusano transdimensional… Lo de los topos era para darle un poco de colorido gay…

Y ahora se ha vuelto a abrir la caja de Pandora. Porque una semana después sigo teniendo ganas de hacer la de Paranoia y una de Putulú como toca. Porque estoy seguro que esta vez los profundos darán miedo, ¡y nadie se me va a ir tan fácilmente de vuelta a Londres así como así!

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