Profesiones vocacionales

Profesiones vocacionales

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En estos días no hay sector laboral que no se vea afectado por los recortes y los problemas derivados de las diferentes crisis que estamos viviendo. Ya no resulta extraño que los periódicos publiquen noticias sobre más recortes, afectando también a sectores públicos como la sanidad y la educación, a mi entender pilares de toda una sociedad. Creo que la calidad en la educación y la sanidad públicas deben garantizarse más allá de la situación de las arcas públicas o los mercados.

Pero no es de crisis de lo que quiero escribir sino de esas profesiones llamadas vocacionales, profesiones que tratan directamente con las personas: los profesores forman los futuros ciudadanos y el personal sanitario cura las dolencias de toda una sociedad y palia el estrés que provoca el sufrimiento. Esto a mi entender conlleva un alto grado de responsabilidad.

Y como ocurre en todos los sectores hay buenos profesionales y otros que, probablemente por el burnout o circunstancias personales, han dejado de ser tan buenos. Y me pregunto estos días: con todos estos recortes, reducciones de sueldo, cierres de servicios en centros sanitarios y centros educativos con menos recursos y mayor masificación en las aulas, ¿cuántos médicos, enfermeros y profesores han dejado de tratar a alumnos o pacientes con dedicación y amabilidad? ¿Cuántos se han olvidado de la responsabilidad que tienen entre manos? ¿Son realmente conscientes de la huella que van a dejar en sus alumnos o pacientes?

Aún me acuerdo de mis profesores y sus nombres. Con la mayoría aprendí mucho, algunos incluso me intentaron guiar más allá de lo académico aunque en ese momento yo no tuviera la madurez para entenderlo. Lo mágico de la relación profesor/alumno es que en algún lugar de la cabeza una explicación o comentario dicho queda ahí, guardado, esperando algún día a que la madurez alcanzada con los años nos revele el significado detrás de esas palabras, y reconozco ahora de todos ellos cuáles sentían pasión en la docencia y asumían como un reto el motivar a un alumno con dificultades en su área de enseñanza. Y en sanidad, la mayor dificultad creo que es la de no caer en la confrontación que en muchos casos generan los pacientes o familiares debido al dolor y el miedo. Valoro y recuerdo aquellos que saben mantenerse positivos y ser algo más que un mero recetario de fármacos, sabiendo informar, tranquilizar y educar a la gente generando así un clima de confianza.

También reconozco ahora los errores que algunos cometieron, así como aquellos que en su momento intentaron corregir con mayor o menor acierto. Todos tenemos derecho a equivocarnos, pero es importante saber aceptar los errores y enmendar lo antes posible para que no afecten en el desarrollo académico de los alumnos o haciendo más difícil un proceso médico ya de por sí duro. Creo que los malos profesionales son siempre aquellos que ignoran los errores y no aprenden de ellos, anteponen su ego y buscan mecanismos de protección en el seno de su entorno.

Es por eso que mi intención no era escribir aquí sobre aquellos que me han dejado incomprensión, dolor o frustración, sino dar las gracias a los que realmente habéis dado sentido a la profesión que habéis escogido. A todos los maestros que se preocupan, a los médicos que no os cansáis de aprender, a los farmacéuticos que sabéis escuchar, y a los enfermeros que no os importa sentaros un momento y dar la mano cuando hace falta, gracias por intentar ser mejores personas cada día.

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