München

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El sur de Alemania, y en mayor medida Baviera, es muy tradicional. De hecho en las elecciones del 2008 la derecha se vio obligada a dialogar por primera vez tras casi 50 años de gobierno en mayoría absoluta, algo inaudito en esas tierras. Y Múnich, capital del land y tercera ciudad más poblada del país, es una isla lo suficientemente tradicional para disfrutar de las costumbres de esta tierra y suficientemente abierta para no ahogarse.

La primera vez que estuve en München fue en 2007, tres días que no fueron exactamente como me esperaba pero que me sirvieron como primera toma de contacto.

No sólo desayuné en Marienplatz y recorrí el Englischer Garten, sino que descubrí el orgullo bávaro en cada cuadrado azul sobre blanco (‘Baviera no es Alemania’, dicen algunos), viví de lleno Glockenbach (el barrio gay), y de una noche de draq con el show Drei Wunder an der Bar pasé un día entero en Bogen, un típico pueblo de la Baviera profunda. Así que casi dos años después volví para ver un poco más de la ciudad en sí.

En su concurrido casco antiguo la Marienplatz es el centro neurálgico y la zona más turística: comercio, arte y ocio. Los ojos se pierden en la fachada del antiguo ayuntamiento, desde Viktualienmarkt llega a nuestra nariz el aroma del queso u otras delicias según la época, y si son las 11, mediodía, las 5 de la tarde o las 9 de la noche veremos (y oiremos) el carillón iniciar su ‘función’. Dos zonas fuera del centro que vale la pena visitar (como dicen todas las guías) son el Palacio de Nymphenburg con sus jardines y la zona olímpica , donde además se encuentra la sede de la BMW y el BMW-Welt.

Recomendaría darse un paseo a lo largo de toda la Maximilianstraße, una gran avenida con tiendas de ropa y diseño caras, donde la gente exhibe sus mejores abrigos. Al final de la calle vale la pena recorrer el paseo a lo largo del río hasta el Englisches Garten, y con bastante probabilidad os encontréis surferos en una ‘ola’ que hace el río.

En otoño es un clásico visitar la ciudad para el Oktoberfest, la fiesta de la cerveza por excelencia que atrae la atención de todo el mundo. Se sitúa en la gran explanada de Theresienwiese y debe reservarse mesa previamente, ya que si no tienes sitio, no se te sirve. Y previamente quiere decir la primavera.

En invierno las esculturas de los parques (incluidas las de los jardines de Nymphenburg) están tapadas con maderas para evitar que las bajas temperaturas y el hielo rompan las esculturas, lo que desluce los jardines (sin contar que todo está pelado y no hay flores), pero por otro lado puedes disfrutar de montones de pistas de hielo y ver gente practicando el curling.

Y si te gusta el chocolate pásate por Stolberg-Schokoladen, una tienda de chocolate y bombones con mucha variedad.

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