Renania: Koblenz

Renania: Koblenz

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El tercer día empezó con el viaje por el Rin. A media tarde cogimos el tren de Bacharach hasta Koblenz donde pisaba terreno nuevo para mi. No tenía ninguna idea prefijada de lo que me encontraría pero la tarde fue gris y la ciudad quedó bastante deslucida, aunque en cualquier caso no es un sitio donde pasaría más de un día.

Es cierto que no deja de ser una ciudad importante porque centraliza la exportación del vino producido en las riveras del Rin y el Mosela (el estado federado de Rheinland-Pfalz es famoso por sus vinos y ya pudimos apreciar zonas de viñedo durante el viaje por el Rin que acabábamos de hacer).

Ruta Google

Pero su mayor importancia es quizás por el alto contenido simbólico de la llamada Esquina Alemana (Deutsches Eck), lugar donde se juntan los dos ríos formando una especie de triángulo y como dice la Wikipedia:

A la Orden Teutónica se le concedió un espacio para fijar su casa de los caballeros alemanes (Deutschherrenhaus) justo en la orilla de ambos ríos, por lo que se le conoció más tarde como Esquina Alemana (Deutsches Eck). A finales del siglo XIX se construyó un monumento a la gloria del Imperio alemán (recientemente constituido gracias a Otto von Bismarck), cuya pieza central era una escultura ecuestre del Emperador Guillermo I de Alemania.

Extraído de Coblenza – Wikipedia

En esa escultura se encuentra la cita Nimmer wird das Reich zerstöret, wenn ihr einig seid und treu (que quiere decir el Imperio jamás será destruido mientras permanezcáis unidos y leales). Y claro, tras la II Guerra Mundial y la división del país en poco tiempo la cita tomó un aire de reivindicación, y a medida que se iban constituyendo los estados federados de la República Federal Alemana (Alemania Occidental) se consolidó ese espacio como un orgullo y como una reivindicación a la unión. Hasta la reunificación de Alemania en 1990 cuando se añadieron las de los estados del este y el monumento dejó de ser una reivindicación para haberse convertido en una realidad.

Por lo demás me pareció una ciudad normal y corriente, bastante reconstruida. Tiene como encantos la Liebfrauenkirche y el edificio del Ayuntamiento, ubicado en un antiguo instituto jesuita donde una bonita fuente te escupe si te pilla desprevenido.

Camino hacia el río podemos pasar por el Alte Burg, antiguamente un ejemplo de Wasserschloss (clásicos palacios y castillos alemanes rodeados de agua, sea de un río o por un lago, y con los jardines fuera). Des de ahí paseamos al lado del río Mosela hasta que desemboca en el Rin, en la Esquina Alemana. Paralelos al Rin y en dirección sur bordeamos la basílica de Sankt Kastor. Lamentablemente el día era desapacible y ya empezaba a estar oscuro, y como aún teníamos que volver a Colonia nos quedamos sin entrar en los jardines del palacio del Príncipe Elector y lo vimos de pasada caminando hacia la estación.

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