Girona y el Baix Empordà

Girona y el Baix Empordà

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IMG_0529Girona es una ciudad que vale la pena visitar a cualquier época del año. La descubrí este verano pasado por primera vez y ahora la he disfrutado con los árboles vestidos de otoño. Las coloreadas casas que bordean el río juntan de alguna forma los dos barrios del centro, el antiguo casco antiguo (Barri Vell) rodeado por la muralla medieval y el Mercadal, barrio que se originó en el otro lado del río en el siglo XVI.

Me gusta entrar en la ciudad por la puerta que está al lado de la zona de aparcamiento del Passeig de Fora Muralla. La Travesía del Portal Nou recorre una zona del casco antiguo que me encanta, con casas arregladas, juegos de luces en cada esquina y flores emparrándose en muchas paredes. Calles empinadas y no demasiado angostas se abren aquí y allá, hasta que llegamos a la antigua judería (Call), formado en el siglo XII y uno de los mejores conservados de Europa.

La catedral de la ciudad que hasta ahora se divisaba en la distancia se levanta delante nuestro. Aunque es famosa por sus dimensiones, me quedo con la belleza del patio del claustro románico. Arcos terminados en dobles columnas con bellos capiteles, remanso de paz verde donde esa mañana sólo se oía el murmullo de la fuente y el aleteo de las palomas.

Desde ahí yo recomiendo ir hacia la iglesia de Sant Feliu sin dejar de contemplar la catedral a pie de las escaleras y zigzaguear por el casco antiguo hasta la Rambla de la Llibertat, paralela al río. Los puentes son buenos sitios para fotografiar la ciudad, y de paso podemos cruzar al barrio de Mercadal, haciendo una parada para tomar algo en la plaza de la Independència, por ejemplo.

Podemos comer algo temprano y seguir la ruta hacia Calella, núcleo pesquero de Palafrugell. El destino en realidad son los jardines de Cap Roig, paraíso ideado por el matrimonio Webster y Woevodsky que se enamoraron del paraje e idearon este espacio de ensueño, convertido actualmente en jardín botánico a pie de acantilado con unas vistas fantásticas. Aunque en otoño aún queda bastante planta en flor, estoy seguro que de abril a junio es la mejor época para visitar el sitio, aunque quizás también la que tendrá más visitantes.

Ya que estamos aquí podemos disfrutar de un recorrido por el Camí de Ronda. Se trata de un sendero que recorre gran parte de la Costa Brava serpenteando por los acantilados, coronado por torres de vigilancia en lugares estratégicos. Su sentido era proteger las poblaciones costeras de piratas y contrabandistas en el siglo XIX, por lo que guardias recorrían los caminos y daban la alarma si divisaban problemas. Desde Caproig podemos seguir el sendero hacia la playa de Castell (hacia el sur), que nos recomendaron desde los mismos jardines por todas las calas que se encuentran y que quedan algo fuera del circuito turístico típico. Se supone que hay menos gente porque hay que andar claro, y el turismo de cogorza constante no suele atreverse a discurrir ebrios por acantilados.

Si no tenemos tanto tiempo recomiendo ir hacia Llafranc y subir al faro de Sant Sebastià, sitio emblemático por ser ahí donde un joven Josep Plà hizo sus primeros ensayos como escritor. Además es un paraje espectacular, con vistas fantásticas hacia Llafranc y Calella, y desde donde podemos recorrer un trozo del camino de ronda.

Yo no podía terminar el día sin ir a ver Pals, un pueblo medieval en muy buen estado de conservación (parece un parque temático la verdad) y que se eleva en una colina desde donde se divisan los campos del Empordà, así como una vista fantástica del Montgrí i les Illes Medes. Un pueblo de gran encanto, ¡totalmente recomendable! Por fin pude verlo con los colores del atardecer, y pude fotografiarlo con los últimos rayos de sol bañando sus bellos muros.

Termino dejando aquí las rutas de Google que más o menos describen este artículo, aunque lo mejor como siempre es callejear, dejarse llevar por lo que nos llama la atención y encontrar cada uno su recorrido.

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