Salir del armario

Salir del armario

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Este pasado día 11 de Octubre celebré por primera vez en la vida el Coming Out Day, que vendría a ser el Día de la salida del armario, un evento de la comunidad LGBT celebrado por primera vez en 1988, evento del que yo hubiera seguido sin saber nada si no fuera por la iniciativa tomada dentro de mi empresa desde el grupo LGBT corporativo de Estados Unidos.

Sobre la importancia de salir del armario ya se ha escrito mucho, quizás podríais leer las entradas de Lille Skvat y la entrada de Sexo Oral y Escrito. Pero quiero dejar mi pequeña contribución a este día y responde a un comentario que he oído y leído durante años: “¿Y porqué tienes que salir del armario? ¿Qué necesidad tienes de contarle a la gente con quien te acuestas? No digas y ya está, no tendrás problemas.”

Salir del armario no es algo de gays, lesbianas o transexuales. Va más allá. Se puede salir del armario referente a creencias políticas o religiosas, enfermedades o condiciones que puedan estar estigmatizadas. Ponerte una camisa de manga corta en la oficina sin miedo al rechazo por unos brazos totalmente tatuados. Puede ser igual de difícil decirle a unos padres que practican una religión de forma ortodoxa que no deseas seguir con esa tradición y que tienes otras creencias. O contar ante un ambiente de neo-ilustración que tienes creencias religiosas y que te molesta que se rían de ellas y las tilden de absurdas.  No hace demasiados años el divorcio era motivo de vergüenza en ciudades como Barcelona y las separaciones se ocultaban en el trabajo tanto como fuera posible. Hoy en día de hecho sigue ocurriendo y tristemente hay gente que pierde algo tan valioso como su tiempo por no ser sinceros consigo mismos, por no salir del armario.

Imagínate una vida de mentira, de tener que idear una historia sobre una novia, contestar con una sonrisa torcida si estáis pensando ya con niños, o decir que con 35 años vives con un amigo, no poder contar que tu ‘amigo’ está en ese momento mal o enfadado, o compartir la alegría de que le hayan ascendido. O tener que pasar una cena de Navidad separado de tu pareja sentimental por no querer contar a los padres la verdad. Al final tienes un montón de incongruencias que terminan por salir a la luz.

Se trata de ser sincero con uno mismo cada día. No se trata de llevar una etiqueta cada día en la frente con los seis colores. Yo no voy por el mundo diciendo ‘hola, soy gay, deme una barra de pan‘ pero si alguien en un trabajo me pregunta si estoy casado, digo que sí, y puedo seguir hablando de la vida de pareja mientras tomo un café. Pero ya si me preguntan como se llama mi mujer contesto ‘Fabián‘ sin problemas. Si se habla de tías y de sexo desde un punto de vista heterosexual, yo me tomo la libertad de hacerlo de sexo desde el punto de vista homosexual. Cada día intento ser yo mismo y hacerlo natural para mi y los demás.

Pero eso lleva al miedo al rechazo. Sobre este tema yo creo que los amigos y la familia no son aquellos que te ha impuesto tu nacimiento o las circunstancias. Siempre los eliges tu. ¿Que tu padre y/o tu madre te rechazan? Ya se acostumbrarán, tu eres así, el único problema es el de la no aceptación, y ese lo tienen ellos. Ya se darán cuenta, tu dales tiempo. Y si pasa el tiempo y eso no cambia, no renuncies a ser tu, ni por ellos ni por nadie. Apóyate en aquellos que sí te quieren de verdad porque les da igual con quien te acuestes en tu intimidad, o si rezas a Alá o la Virgen María. Porque tu familia y tus amigos de verdad te quieren por quien eres. Y créeme, la experiencia me ha enseñado que son la mayoría de familiares y amigos que tienes en este momento.

Para concluir, sólo me queda salir pues del armario: soy gay. Pero no sólo soy eso. Soy una persona, con sentimientos y necesidades, con los mismos deseos de ser aceptado por los demás como cualquiera, de desear compartir mis días buenos y los malos en todos los entornos donde me muevo, sin tapujos ni vergüenzas. Con ganas de llevar la ropa y los piercings que me hacen feliz, de mostrar el aspecto que quiera en el momento que quiera.

Porque no me avergüenzo de mi.

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