Querido Quino

Querido Quino

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Creo que tendría 10 años cuando te descubrí. Como casi todo el mundo fue a través de tu mejor embajadora, Mafalda, que llegó a mi casa de la mano de mi tía Carmen. Siempre me emocionaba cuando una visita de mis padres o un familiar nos visitaba ya que casi siempre me traían un cómic y eso me hacía realmente feliz (la visita también, ehh??). Normalmente caían Mortadelos o Zipizapes. Pero Carmen me  trajo uno de esos pequeños álbumes de tiras de la editorial Lumen, el de la cubierta roja. No sabré si fue un regalo de último minuto o fruto del deseo de compartir algo que a ella le había ilusionado en su momento. ¡Pero fue uno de los mejores regalos en años!

Durante tiempo estuve leyendo y releyendo las tiras. No las entendía demasiado, pero a cada año y a cada relectura lo disfrutaba más y más, y sacaba nueva información de esas irónicas viñetas que hicieron que poco a poco fuera mirando hacia el ‘mundo adulto’ y madurara. Descubrí el placer de la ironía refinada y fue toda una inspiración para mi.

Y después de cerrar Mafalda seguiste, y te quise seguir. Pero cambiaste. Poco a poco la fresca ironía se marchitaba y quedó pura desesperanza cubierta de una gris capa de sarcasmo corrosivo. Me encontraba con egocentrismo, donde ser bueno era lo mismo que ser tonto, mujeres déspotas con sus maridos empequeñecidos, gays ridiculizados por un desproporcionado e hiriente amaneramiento. Gente mala, mezquina y desconfiada.  Me entristeció que te hubieras agriado y que ya no supieras ver lo positivo y lo maravilloso de la vida, que poco a poco te venciera la desesperanza y perdieras la chispa que me inspiró.

Veo que has dejado de dibujar desde hace un tiempo, o al menos no has hecho nuevos álbumes. Espero que estés bien y que sólo sea una fase. Que te reencuentres, que cures tus heridas y recuperes la esperanza que jamás debiste perder. Quizás debas preguntarle a Mafalda, ella no perdió su sonrisa a pesar de todo.

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