Tatuajes con 60 años

Tatuajes con 60 años

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Una de las frases que he oído más de la gente que cuestiona el tatuaje es como se verá cuando te hagas mayor, asegurando que tu cuerpo se verá ridículo. Se dice que es algo bello en la lozanía, sobre un lienzo terso y firme, pero que mejor ni verlo en una piel arrugada.

Creo que este discurso nace del miedo a la vejez, a perder las formas sensuales y a que una línea de expresión se transforme definitivamente en una arruga. Nos resistimos a abandonar la juventud con uñas y dientes.

Pero un día parece ser que te das cuenta que no puedes luchar contra corriente y aceptas el paso de los años. Y toca aprender a valorar lo bueno que trae. Envejecer es un proceso natural que debemos aceptar como un proceso de maduración y autorrealización. Y desde esa perspectiva dicen que ya no importa lo que la gente crea y diga, y el que realmente ha amado el tatuaje y se ha cubierto la piel de recuerdos no suele arrepentirse de ello.

Porque es inevitable que con los años la piel se arrugue y las orejas y la nariz crezcan. ¿Debo esconderme por ello en el desván? Pues si voy a estar feo y arrugado, ¿qué más da estar cubierto de mis recuerdos y de mis historias? ¿Qué hay de ese tatuaje que intenta recordarme que no debo dejarme llevar por la ira? ¿O el que identifica un estilo de vida oculto a ojos inocentes? ¿O el recuerdo de una semana loca en Berlín?

Así que si realmente te quieres tatuar porque lo amas, y no por moda, no pienses en lo que pensarán tus nietos o en la gente del barrio cuando te vean un tribal asomando por debajo la manga hasta tocar la empuñadura del bastón. ¡Hazlo ya de joven! Y cuando seas  mayor, muéstralos con orgullo.

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