Orlando

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Orlando es la ciudad de vacaciones de Estados Unidos. En realidad todo el Sunshine State (sobrenombre del estado de Florida) lo es. Con un clima tan benigno no es de extrañar que atraiga visitantes con ganas de ocio y descanso, y también jubilados adinerados de toda la nación con ganas de descanso y paz (lenguas afiladas llaman a Florida el cementerio de elefantes).

Restaurantes chinos dentro de un palacio, mini-golfs en un trozo de la Polinesia, castillos de princesa de cuento donde dormir y casas caídas boca abajo donde puedes ir a comer. Todo es posible en la ciudad cartón-piedra de Mickie Mouse. Aunque claro, con mayor énfasis en Downtown Disney, una ciudad llena de restaurantes, bares, hoteles, tiendas, un Cirque du Soleil y otras atracciones, todo para sentirte como un niño.

Downtown. Aquí es cuando te encuentras con una sorpresa: hay varios downtown. Porque las ciudades en Estados Unidos crecen a lo ancho y pueden ocupar muchos kilómetros. El concepto de downtown es lo que aquí llamamos el centro de la ciudad. Pero ante tal extensión hay ciudades que tienen varios. En el caso de Orlando existe además Downtown Disney, Downtown Divas,… ¡Y no creáis que Downtown Orlando es grande! Se reducía a unos pocos edificios de oficinas y una pequeña zona comercial (bares, restaurantes y tiendas) al lado del lago Eola. Bastan 15 minutos para recorrerlo, menos de lo que se tarda en llegar desde el Orange County Convention Center, que se encontraba ¡a 20km!

Y es que por primera vez estoy en la auténtica América. Calles largas y de muchos carriles, con mucho espacio vacío como si estuvieras en las afueras, pero estando en realidad en el centro de la ciudad. Para ir de un sitio a otra andarías sin parar horas, es imprescindible coche aquí para vivir. ¿Aceras? ¿Para qué? Solo necesitas tener grandes zonas de parking en todas partes y coger el coche. ¿Semáforos para peatones? Si los hay, tienes que esperar mucho y pasar deprisa.

El peatón no es nadie. De hecho molesta e interfiere con la circulación. Y claro, el coche cuanto más grande mejor. Coches nuevos y gigantes, como tanques. De hecho sólo anda la gente pobre, puesto que el coche es un elemento de primera necesidad. Incluso el escaso transporte público está desprestigiado y suele comunicar zonas pobres. No te encontrarás alguien con traje en un autobús.

Y eso perfila toda una cultura. La gente no pasea y no da una vuelta. Coge el coche para ir a gigantes centros comerciales. La diversión pasa por comprar, consumir, gastar en centros de ocio gigantes con una oferta muy variada. Cuando termina y quiere cambiar de lugar coge el coche y recorre más quilómetros hasta otro centro comercial. Y finalmente vuelve a casa en coche. El coche es el rey. Y la obesidad se palpa.

Hablando de zonas desfavorecidas, ocurrió el último día que estaba en Downtown Orlando. Quería verlo pero me llevé una decepción porque no había nada. Tenía planeado ir luego a un resort gay. Desde  el lago Eola a North Orange Blossom Trail había sólo dos quilómetros, así que dirección oeste tomé West Central.

A la que pasé por debajo de la autopista el mundo fue cambiando a cada paso que daba. La calle de golpe estaba casi sin mantenimiento, paredes con graffitis, algunas casas abandonadas y en estado deplorable, un cristal roto en una tienda, ropa vieja tirada en la acera y suciedad, un coche de policía pasando lentamente como patrullando… y a todo esto aún con la Blackberry en una mano y la cámara en la otra, que es como llevar un cartel gigante en la frente que dice ‘guiri perdido’.

Al minuto pasan otros dos coches de policía patrullando. Como si llevara una guindilla en el trasero el paseo fue algo más ‘ligero’, dejé atrás Parramore y llegué al resort aún con el turbo puesto y la adrenalina fluyendo por mis venas.

Por fin ya en ese auténtico oasis pude relajarme y disfrutar.  En ese paseo pude ver como cada barrio es un mundo distinto, con calles que son fronteras y donde la ausencia de servicios públicos hace que las zonas desfavorecidas se encuentren en un gran estado de abandono.

La otra gran sorpresa de este viaje fue descubrir la realidad del sistema de propinas. En las zonas de ocio abundan los shows, bailes, música en vivo y animadores del local crean un atmósfera para los comensales: camareros que dan charla y no se limitan sólo a apuntar lo que quieres, una danza del vientre encima de la mesa de al lado y todos a dar palmas, o una rúa por todo el local cuando suena una canción dance pseudo-griega con camareros a los lados tirando papeles al aire.

Pero nada de esto es gratis. Debes llevar siempre billetes de dólar o de cinco dólares para ir recompensando a los actores del circo en que te metes o recibirás miradas como puñales. Y es que muchos de esos actores son gente joven que tiene un sueldo base muy bajo o incluso no cobra absolutamente nada. Trabajan por las propinas, puesto que lo que tu pagas es el negocio, y la (obligatoria) propina es lo que sustenta a esos chicos que intentan arrancarte una sonrisa y se hacen una foto con una gran sonrisa para que la cuelgues en Facebook.

Se da el caso que si no hay sueldo base, el empresario al pagar el seguro médico al empleado en realidad lo quita de las propinas que ganará. En este modelo si no hay propinas, el trabajador perdería dinero. Y por eso se aseguran que la gente de propinas, las cuales según el servicio vienen ya prefijadas en varios porcentajes según tu grado de satisfacción. No dejar propina es un insulto y pueden salir a buscarte para exigírtela como si no hubieras pagado.

Aunque normalmente evitan que esto ocurra cobrándola directamente según lo que ellos consideren que ha sido el servicio si te ven que eres Europeo y no están seguros que vayas a ser educado y correspondas el buen y amable servicio con la cantidad adecuada.

Un gran viaje, con ganas de volver en unas vacaciones y poder disfrutar de los parques de atracciones que salpican toda la península. Y quien sabe, ¡quizás entonces podamos hacerlo coincidir con algún despegue en Cabo Cañaveral!

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