Düsseldorf

Düsseldorf

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Düsseldorf es una ciudad a orillas del Rin, justo al este de un meandro. Como muchas ciudades alemanas los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial no dejaron en pie demasiados edificios, por lo que se nota que es una ciudad reconstruida.

Aún encontrándose en la que se consideraba la aglomeración urbana más grande de Europa (la región Rin-Ruhr), y ostentando el título de capital del estado Nordrhein-Westfalen, queda apartada de la zona más industrializada y te encuentras con una ciudad con zonas verdes, con areas de bosques y campos a su alrededor.

Después de llegar al aeropuerto y tomar la linea S7 llego a la estación principal (Düsseldorf Hauptbahnhof). De ahí al hotel Rheingold (Oststrasse 166) había un paseo de 10 minutos. Y una vez dejadas las maletas toca bajar a tomar contacto con la ciudad.Llegado a la Graf-Adolf-Strasse voy recorriéndola en dirección al río, siempre ante los ojos la torre de la televisión en el llamado Mediahafen. A dos calles dejo a mi lado la Königsallee (die Kö), paseo arbolado alrededor de un canal donde se encuentran las tiendas de moda y centros comerciales de la ciudad. Pero ahora toca seguir recto hacia el casco antiguo. Bordeando un parque con un lago, el Spee’scher Graben, llegamos a una plazoleta donde un escultura recuerda los fundadores de la ciudad. Ahí es donde empieza la Altstadt.

En realidad uno no se siente en un casco antiguo. Como tantas ciudades alemanas, tras la Segunda Guerra Mundial la mayoría de edificios sufrieron daños, por lo que nos encontramos con una ciudad bastante nueva, pero no creo que se haya perdido la vitalidad de esa zona. Supongo que al ser días soleados y cálidos todo el mundo sale a la calle a saborear la cerveza Alt en las diferentes terrazas y cervecerías… y camino precisamente a la Marktplatz donde se encuentra el ayuntamiento, podemos hacer una pequeña pausa en la Bergerstrasse donde recomiendo la Brauerei Uerige, donde se come y se bebe de muerte!!!

Unos pocos pasos nos separan de la Markplatz donde se encuentra el ayuntamiento, y poco después la Burgplatz. Donde antaño desembocaba el río Düssel en el Rin se cubrió y se construyó el palacio de Düsseldorf. Palacio que se quemó 4 veces y del que finalmente solo queda la torre (Schlossturm), que actualmente sirve como museo marítimo.

Volvemos atrás hasta la Martkplatz y tomamos la Bolkerstrasse. Nos podemos perder por el casco antiguo con sus tiendas que se extienden hasta pasada la gran arteria Heinrich-Heine-Allee. Vale la pena callejear por aquí, y cuando nos cansemos seguir un poco más hasta encontrarnos la Kö. De aquí podemos girar a la izquierda y descansar un rato en el Hofgarten, girar a la izquierda y recorrer la y sus tiendas, o seguir recto y entrar en las galerías comerciales Schadowarkaden, para tomar un descanso.

Para el siguiente día me monté otro recorrido: bajé hacia el río donde en primer plano uno se encuentra con la torre de la televisión. Desde arriba de la torre, la llamada Rheinturm, se divisa una vista espectacular de la ciudad y cercanías, y en días despejados se supone que uno puedo divisar incluso Colonia, aunque la contaminación de las zonas industriales de la región dudo que lo permita mucho.

De todas formas la vista del meandro y del Mediahafen es fantástica. En el Mediahafen, o puerto de los medios, se encuentran empresas de difusión de radio-televisión, además de otras empresas relacionadas con los medios de comunicación. Vale la pena visitarlo, pues el proyecto conocido como Neuer Zollhof (las nuevas aduanas) fue diseñado y ejecutado por el arquitecto Frank Gehry.

Y después de ver esa orilla del río, animo a cruzar el Rheinkniebrücke hacia Oberkassel, el único distrito de Düsseldorf de la otra orilla del río, una zona algo más rica que el resto, con unas casas fantásticas, un pasto al lado del río donde suelen haber ovejas, y una vista preciosa del casco antiguo. De todas formas la vida de la ciudad está en la otra orilla, en la que en días cálidos la gente toma el sol en la hierba y donde en ciertas épocas del año encuentras tenderetes de cerveza y comida. Y hablando de comida, después de un segundo día de andar y cruzar el río, para recuperar energías, otra cervecería que me caía cerca es la Brauerei Schumacher (Oststrasse 123), otra en la que vale la pena comer.

Para un tercer día podemos tomar la línea U79 y hacer un buen trayecto hasta Kittelbachstrasse, en Kaiserswerth, y ver lo que queda del antiguo castillo (Kaiserspfalz). Las ruinas son más ruinosas de lo que me esperaba pero la zona es acogedora y tiene buenos paseos. Y de vuelta a la ciudad paramos en la estación de Nordpark/Aquazoo, donde encontramos unos jardines geniales y preciosos (en primavera es genial de ver), con la sorpresa de encontrar un jardín japonés al final del parque, el Japanischer Garten am Rhein. Aunque si el tema jardines es tu pasión, no debes dejar de visitar el Schloss Benrath, al sur de la ciudad, un bonito palacio rodeado de un jardín de estilo inglés y un jardín de estilo francés.

De este viaje también disfruté de otros encantos fuera de la ciudad, que los disfruté por mi pasión por el mundo del ferrocarril, pero eso lo dejo para el siguiente post.

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